18 oct 2016
¿Por qué nos mordemos las uñas?
Vanessa Fernández, doctora en psicología del Instituto de psiquiatría Martínez Campos de Madrid, hace un análisis de este hábito desde una perspectiva psicológica.
¿Por qué nos mordemos las uñas?
Es una combinación de factores emocionales como la preocupación, la tristeza, la ira o incluso el aburrimiento o la excitación. Podemos hacerlo tanto al estar ansiosos o miedosos por algo que nos preocupa como por algo que nos da vergüenza. Asímismo, otra de las razones puede ser que lo hagamos por algo positivo, como cuando nos acaban de dar una buena noticia o algo similar.
La persona ha aprendido a asociar este gesto con algo que le tranquiliza y le libera de las tensiones momentáneamente.
A su vez, se trata de un gesto que responde a la interacción entre emoción y comportamiento. Esto consiste en ejercer un hábito a partir del cual, cuando estoy experimentando esta emoción o cuando estoy ante una situación concreta, por ejemplo viendo la tele, me muerdo las uñas.
¿Cómo dejarlo?
En primer lugar se le enseña al paciente a detectar cuáles son los momentos en los que más se muerde las uñas. Para ello, el que lo sufre tiene que elaborar un registro en el que anota cuál es la situación en la que se está mordiendo las uñas.
A continuación, el afectado lleva a cabo una serie de conductas que le ayudan a realizar algo diferente en ese tipo de situaciones. Por ejemplo, si se las come cuando está ansioso, se le enseña a poner en práctica alguna técnica de relajación. En cambio, si se trata de un caso en el que se las muerde cuando le está dando vueltas a la cabeza, se le enseña a controlar el pensamiento y algunas técnicas de manejo conductual incompatible, es decir, a realizar una actividad que sea incompatible con el hábito, como comer pipas.
Como datos, podemos decir que el 50% de la población (sobre todo mujeres) sufre este problema. Suele aparecer entre los 10 y los 18 años de edad y puede llegar a extenderse toda la vida, ya que el principal motivo (ansiedad, nervios, depresión, estrés, aburrimiento, tristeza...) no desaparece.
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